El límite vertical de la visión




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En la ciudad estamos acostumbrados a la vertical, a cortar las miradas de soslayo… por eso, estar en un paisaje natural nos reconcilia con el otro eje, y nos obliga a abrir los ojos en todo su ángulo de visión, tratar de abarcar todo con un solo vistazo, ajustando el enfoque igual que cuando probamos nuevas lentes en una revisión oftalmológica.

Placeres de hoy (me resisto a poner sólo uno): la luz del sol que traspasa las hojas, iluminando el verde; el olor de primavera que mueve las ramas, la brisa que que da la forma a la cara.

Hasta mañana.

Virginia

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