¿Qué sucede si los errores no están permitidos, se desprecian o se castigan? Se anula la creatividad en sus inicios, ya que equivocarnos y probar nuevos modos de hacer las cosas nos lleva al desarrollo creativo. Necesitamos la experimentación. Otra consecuencia es que los niños y las niñas van a buscar la respuesta en las figuras de referencia, ya que, si sólo hay un camino para llegar a una única respuesta, se la aprenderán de memoria, sin pensar. (Que conste que considero que hay muchos conceptos que es necesario que interioricen, pero eso ya se trabajo mucho en las escuelas). ¿Para qué reflexionar, si alguien me dará siempre una respuesta a qué hacer? El peligro de esta dinámica es cuando vayan creciendo y tengan que obtener respuestas para su comportamiento. Si nunca han tomado decisiones con todas sus consecuencias (incluido el equivocarse), si no aprenden a decidir, ¿qué harán en la adolescencia y en la edad adulta?

¿Sólo podemos hacer lo que hacemos realmente bien?

El perfeccionismo mata la creatividad. Además, ¿cuántas de las cosas que conlleva el día a día, el trabajo, las relaciones, la crianza… las realizamos de manera excelente? Yo, siendo sincera, pocas. Y de las cosas que hacemos regular, ¿cuáles son de absoluto disfrute?

Nos perdemos de este modo una gran parte del disfrute de la vida. ¿Es necesario ser un/a genio/a brillante para disfrutar pintando? ¿Sólo tienen derecho a escribir las personas que se dedican a ello profesionalmente? ¿Dónde queda el gozo creador?

Una de las cuestiones que tengo que trabajar en los talleres en los últimos años es animar a los niños y a las niñas a volver a dibujar y a crear aunque lo hagan regular. Cada vez escucho en edades más tempranas, próximas a los 7 años: «no dibujo porque dibujo mal». ¿Cómo es posible que una criatura que basa su desarrollo en el juego, en la experimentación, diga que no quiere dibujar por esa razón? Se me parte el corazón. En las clases artísticas se puede abrir esa posibilidad, dando permiso para hacer las cosas regular, o mal, incluso instando a hacerlas lo peor posible un día, para que vean que no pasa nada.

El Arte abre un espacio en el que pueden experimentar, donde hay tantas soluciones posibles como personas, y para algunos/as es como ser un pez y volver al río tras la sequía, para otros/as su estado natural y, en ocasiones, pasan un tiempo de adaptación más o menos largo hasta que aceptan ese espacio de libertad creativa sin juicios. Recuerdo a una niña de 6 años que sólo hacía dibujos estereotipados y que no fue hasta final de curso que conseguimos que saliera de eso y probara cosas nuevas. Seguramente, habrá recibido halagos de personas bienintencionadas que han conseguido el efecto contrario: que sólo reproduzcan aquello que tiene el beneplácito de las personas de referencia, no de aquello que nutre su alma creadora.

¿Cómo podemos hablar de la obra de arte a su creador/a infantil? Dejando aparte el resultado estético, hablando del proceso, por ejemplo: «he notado que te ha salido del alma», «veo que has disfrutado mucho, me encanta».

El tema de la frustración en la sociedad actual también es un tema importante a tratar. ¿Deben de ser complacidos todos y cada uno de nuestros deseos (o los de nuestros hijos e hijas)? ¿Qué sucede en mi interior cuando alguien actúa de una forma diferente a la que yo espero?

Cada vez que damos a nuestra prole todas y cada una de las cosas que desean, para que sus existencia fluya como en una autopista, corremos el riesgo de que se hundan al menor contratiempo fuera de nuestro alcance. Mucho del enfado actual viene por frustrarnos porque la vida transcurre independientemente de nuestros deseos.

Puedes preguntarte si estas reprimiéndote (o a tus hijos e hijas):

  1. La expresión artística. En sí misma, conlleva «imperfección», porque es expresiva.
  2. La expresión emocional. Todas las emociones que podríamos canalizar de manera sana bailando, cantando, dibujando, creando… se acumulan y nos dañan o dañan a otras personas.
  3. El derecho al disfrute, a hacer las actividades que nos gusten, al gozo de crear, porque es algo que nos da un oasis en medio de la vorágine diaria.

¿Qué alternativas podemos ofrecer y ofrecernos?

  • Ir incorporando espacios de libertad creadora, haciendo aquello que nos guste y no dañe a nadie, sin juicios. Abriendo esos espacios para tus hijos, para tus hijas. Escribir porque nos encanta, usar las acuarelas para hacer manchas, disfrutar del proceso. Puedes leer el artículo La peligrosa espiral de la renuncia al autocuidado».
  • Aprender a expresar nuestras emociones de manera sana (consultando a un/a profesional si no sabemos por dónde comenzar o si nuestra expresión es perjudicial y causa sufrimiento). Comenzar por darnos cuenta de que nuestros procesos emocionales, aquello que nos hace enfadarnos hasta gritar o nos entristece hasta anularlos. Ir percibiendo qué emociones nos cuesta expresar, admitir. Querer empezar a conocerte más a ti misma y a tus procesos emocionales.
  • Dejar los juicios, tanto a las persona que queremos como a nosotras mismas.
  • El Arte, en cualquiera de sus modalidades, es un fantástico territorio exploratorio: el teatro, el dibujo, la escritura. Volver a hacer aquello que amamos, y que tantas y tan positivas repercusiones tiene en nuestra vida a corto, medio y largo plazo.

Iremos escribiendo sobre las emociones, comenzando por el enfado, en próximas entradas. Puedes buscar el la web posts anteriores sobre la ira, el odio, etc.

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